AUTORRETRATO

Es un placer compartir!

Ubicó el lienzo observando de reojo su figura, en el espejo donde siempre se detenía. Hasta que un día pasó de largo para transformarse en un mueble más. Un ser cosificado, que tenía que cambiar de lugar cada fin de semana para sentir. Diferentes configuraciones para un mismo problema.

Hablar de mí es complicado. Digamos que he venido a este planeta para simbolizar la voluntad de otros que se alzan en la jerarquía divina, junto al trono del altísimo. Y es que el azar es una moneda baladí en los círculos en que me oculto. Ciertamente soy precavido, aunque con ustedes accedo a despojarme de este traje de huesos y carne, que anudan mi alma al mástil de la nave. Tiempo atrás caí ante la pujanza seductora de unas ideas que embriagaron mi mente, pero una buena terapia psicofarmacológica ha logrado corregir el problema.

Ahora el mueble ha desarrollado unas ruedas, que lo habilitan para trasladarse de una habitación a otra, permitiendo cierta libertad. Las lámparas lo observan a todas luces, perplejas. Los libros alborotan en los estantes, abriendo y cerrándose, aplaudiendo a rabiar. Entre ellos incluso organizan apuestas con los marca páginas. Los cajones escapan de su oscuridad, haciendo vibrar la ropa que estalla para hacer su ya conocido descenso de ventanas abiertas. Todo esto se resume en una palabra: revolución.

Entonces abro los ojos a un espectro borroso, me resulta familiar, es un auxiliar o un celador de la unidad de agudos del Hospital…  “Otra vez tú” me sonríe.