SEGUNDO AUTORRETRATO

Es un placer compartir!

La verdad es que nunca he conocido a alguien como yo. Cejas prominentes de trazado bello, pupilas color café, párpados plácidos, pestañas rebeldes. Narizota que al final se suaviza mostrándose graciosa. Labios anchos, cortos y bien rosados. Abundante cabello en los laterales, ligera calva por la parte superior. Mofletes coloridos, barbilla faraónica. Espaldas anchas, brazos nudosos, cuádriceps de titanes y una saludable barriguita de paquidermo. De pies y manos pequeñas y delicadas, visto con la ropa de siempre, abusando de los pijamas, que son mi perdición.

Del exterior me han llovido hermosos calificativos: bala perdida, cabra loca, oveja negra, genio…loco. Este último es el que más se ajusta a mi personalidad, creo. Lo cierto es que tomo cierta medicación para equilibrar a mis neurotransmisores. Pero tranquilos, lo mío, son brotes pasajeros de una locura sana, que no daña a nadie, sino que más bien provoca la carcajada incontrolada del que me trata.

Mis coqueteos con la Literatura fueron precoces. Recuerdo que escribía y dibujaba con naturalidad hasta que un estudiante de Bellas Artes (mi primer crítico) me comunicó con mucha solemnidad la defunción de mi pretendida capacidad artística. En ese momento yo era un mico, y claro me entró la frustración. Solo años después cuando uno experimenta la mediocracia que nos rodea, esa marea contraria al arte, comienza a rebelarse. Y es ahí cuando se retoma la senda que nunca se debió abandonar.

Acudí a talleres presenciales, y me forjé ciertos hábitos, además de tener una gran capacidad lectora dada mi escasa vida social. Y es que prefería un libro casi a cualquier cosa, aunque poco a poco me fui domesticando en lo que Freud llamó El malestar en la cultura. Y abrí el libro de la vida, como diría Descartes, hasta que éste me transportó por un sinfín de vericuetos, de profesiones y diversos estudios, todo siempre inacabado o a medio hacer. Creo que soy bastante creativo, toco cualquier tema sin excesivo temor. Pero el estilo es posiblemente el que me delata, ya que siempre me rebelé contra la gramática y la ortografía en general. Digamos que he aprendido a tocar de oído, y para ser un mejor músico o un músico completo conviene controlar la herramienta de trabajo mediante partituras, esenciales por otro lado, para componer elegantes sinfonías.